Desde el momento en que aceptó su propuesta de matrimonio supo que era un error, pero de todos modos lo llevó hasta las últimas consecuencias. Y es que casarse con alguien que puede ver el futuro tiene sus desventajas: nunca puedes hacerle una fiesta de cumpleaños sorpresa, no puedes pelear a gusto con él porque sabe lo que vas a decir desde antes de que lo pienses. Y lo más importante: no puedes engañarlo porque sabes que en algún momento se va a dar cuenta, muy probablemente desde antes de que tengas el primer pensamiento indebido que te va a llevar al engaño. Por eso cuando él le propuso matrimonio ella lo dudó un instante, pero entonces pensó que si él se le estaba proponiendo era porque sabía que ella diría que sí, él nunca se equivocaba en sus predicciones, y esa sonrisa enorme que tenía mientras le hacía la pregunta solo podía significar que estaba seguro de que ella aceptaría, así que no tenía sentido negar al destino. Por eso dijo que aceptaba, con una condición: él nunca debía decirle las cosas que sus visiones le mostraran sobre el futuro de su matrimonio.
Al principio, como siempre, las cosas estuvieron bien, pero con el tiempo fue aumentando en ella una sensación de encierro al pensar que su esposo podía asomarse al futuro y saber cada consecuencia de las acciones que ella apenas estaba empezando a idear. Al poco tiempo se sintió insoportablemente observada, pero no se atrevía a hacer nada porque no quería que él se enterara. Además estaba embarazada. No tuvo qué decírselo a su esposo, claro; de hecho él fue quien rompió su promesa al informarle del embarazo, y de paso le dijo el sexo del niño, la fecha de nacimiento y su nombre.
Después del nacimiento del bebé las predicciones empezaron a fallar. Él se concentraba tanto en hacerlas funcionar de nuevo que se olvidó completamente de que ella existía. La seguridad que él siempre había tenido, y que era lo que la había atraído en primer lugar, desapareció gradualmente durante un par de años, hasta dejarlo convertido en un títere asustadizo que ya no le parecía atractivo en absoluto, especialmente cuando lo comparaba con ese hombre que conoció un día que llevó a su hijo al parque, y que cada vez se mostraba más directo con ella. El miedo que había tenido ante los poderes de su esposo fue quedando enterrado bajo las miradas de este nuevo enamorado, y estaba segura de que aún si en las visiones se mostraba su infidelidad eso no la delataría porque él ya no confiaba en sus fallidos intentos de adivinación. Por eso finalmente decidió engañarlo.
Hoy su amante y ella cumplen dos semanas juntos. Ella va entrando a su casa y el vidente la espera con una pistola en la mano.
la otra parte de la historia:
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