El vidente

22 06 2010

Cuando era niño las visiones empezaron a llegar, y lo único que lograron fue asustarlo. Pasaron años antes de que él empezara a aprovecharlas, pero cuando lo hizo el cambio fue total: dejó de ser un niño asustadizo y se volvió la persona más segura que uno se pueda imaginar, lo cual es fácil cuando sabes exactamente qué es lo que va a pasar en cada situación. Lo mejor de todo es que sus visiones resultaron ser infalibles y extremadamente claras. No eran imágenes nebulosas que le dieran pistas sobre un posible futuro; eran escenas tan claras que él incluso podía saber, como un narrador omnisciente, qué era lo que estaba pasando, por qué pasaba, e incluso lo que pensaban quienes estaban involucrados. Lo que nadie sabía era que, aunque sus visiones nunca se equivocaban, a veces simplemente dejaban de aparecer. Cuando eso llegaba a pasar la incertidumbre a la que él no estaba acostumbrado lo hacía sentirse tan perdido que varias veces pensó en suicidarse, pero antes de que lo hiciera las visiones regresaban con más fuerza.

Su habilidad para ver el futuro hizo que sus relaciones con otras personas se volvieran aburridas, y cuando alguien se acercaba a él casi siempre era porque quería preguntarle algo sobre su futuro. Esto lo hizo volverse insoportablemente arrogante, y a veces deseaba poder encontrar a alguien con la capacidad de sorprenderlo. En vez de eso, solo llegaban a él personas temerosas y llenas de dudas que lo hacían recordar su infancia asustadiza, y provocaban en él solamente desprecio. Durante esta etapa de soledad autoimpuesta las preguntas sobre la naturaleza de sus poderes llegaban a su cabeza incluso con más frecuencia que las mismas visiones, pero él las evitaba con un temor y un respeto casi solemnes.

Estas preguntas dejaron de presentarse cuando la conoció. Ella lo tomó completamente por sorpresa, lo cual era muy poco común para él. Normalmente cuando él se encontraba con alguien por primera vez siempre era un reencuentro porque ya se habían conocido en una visión, pero a ella nunca la había visto antes. Conforme la fue conociendo descubrió que esa no sería la primera vez que lo sorprendiera. Por alguna razón que él nunca llegó a entender, ella nunca apareció en sus visiones. Era como si estuviera más allá del futuro en el que estaban todos los demás y que él podía ver fácilmente; no lo entendía, y no quería entenderlo, simplemente estaba fascinado porque al fin había encontrado a alguien que pudiera sorprenderlo; estaba enamorado y sabía (porque se daba cuenta, porque lo sentía y no porque sus poderes se lo dijeran, y esa era una sensación insopechada) que ella también lo amaba.

Él nunca le confesó que ella era una anomalía en lo que se refería a sus poderes, y por su parte, a ella no le interesaba saber del futuro. Así que cuando él se decidió a proponerle matrimonio no podía estar seguro de cuál sería su respuesta, y la sensación de incertidumbre era tan fuerte que apenas pudo contener una risa nerviosa. Ella dijo que sí, con la condición de que él nunca le dijera nada sobre el futuro de su matrimonio. Las cosas no podían haber resultado mejor.

Pero entonces, ¿por qué con el paso del tiempo todo fue cambiando? Ella empezó a mostrarse distante y él no sabía por qué. Las discusiones fueron cada vez mayores; ella siempre tenía una respuesta para cada reclamo, casi como si le estuviera leyendo la mente, y él sólo podía pensar que seguramente así era como se sentían los demás cuando discutían con él. Luego llegó el embarazo: él lo supo por una serie de visiones extrañamente fragmentadas. En ellas se veía a sí mismo con su hijo, siempre en un lugar desconocido. Su esposa nunca estaba ahí, pero eso no era de extrañar: ella nunca había estado en sus visiones, ¿por qué empezaría a aparecer ahora? Olvidando su promesa corrió a decirle del embarazo, le contó todo lo que había visto, incluso el nombre del niño. Esto hizo que las cosas se calmaran un poco (dejando de lado los cambios de humor que el embarazo provocó en ambos) y tuvieron un periodo de calma.

Después del nacimiento del bebé las predicciones empezaron a fallar. ¿La causa? Él decidió cambiar las cosas. Aquellas preguntas sobre la naturaleza de sus poderes regresaron y él ya no pudo ignorarlas desde que, en una de sus visiones, vió el funeral de su esposa. Alguna vez se había preguntado si las visiones le mostraban un futuro determinado o solamente uno posible, tampoco sabía si esos flashazos que llegaban aparentemente al azar le mostraban cosas que necesitaba saber, o de alguna forma él podía guiarlos para que le mostraran lo que quisiera; nunca le interesó realmente la respuesta. Ahora lo pondría a prueba. Por primera vez trató de guiarlos, necesitaba saber cómo sería la muerte de sus esposa para poder evitarla. Descubrió que era posible hasta cierto punto hacer que las visiones lo llevaran a donde él quisiera, pero eso lo dejaba agotado. También vió que era posible hacer pequeños cambios que alterarían el futuro, pero eso significaba que todas sus visiones, y no solo las que tenían que ver con la muerte de sus esposa, resultarían equivocadas. Le parecía un pequeño precio por salvarla, así que hizo todo lo necesario, sin darse cuenta de que poco a poco se iba debilitando física y mentalmente, por el esfuerzo que suponía el tratar de guiar sus visiones, y porque una vez más estaba cayendo en la incertidumbre que para los demás era normal y para él era aterradora. Gradualmente fue convirtiéndose una vez más en aquel niño temeroso al que le llegaron por primera vez las visiones. Pasaron los meses, luego los años, y parecía que cada vez que él lograba salvarla de alguna amenaza inmediatamente llegaba otra. Además, con cada cambio que hacía las visiones se sentían, de alguna forma, más reales.

Mientras tanto ella trataba de seguir con su vida. La obsesión por salvarla no dejó que él se diera cuenta de cómo la estaba alejando, mucho menos podía darse cuenta de que una larguísima cadena de eventos que él mismo provocó fue la que la hizo conocer a quien pronto se volvería su amante.

Hoy el vidente ya no está seguro de nada. Desde hace meses las visiones se sienten más reales que la realidad. Ahora lo único que sabe es que está muy cansado y ya no puede seguir con esto. Si el destino dice que ella debe morir no hay otro remedio. Por fin entiende que esa habilidad para ver el futuro no era un regalo, era solo una indicación de que él no es más que una herramienta que debe asegurarse de que se cumpla lo que el destino quiere; después de todo, no tiene sentido negar al destino. Va a hacer lo que tiene que hacer, luego va a agarrar a su hijo y se lo va a llevar al lugar que le mostraron sus visiones. Sabe que eso es lo que debe hacer, y entonces todo estará bien.

Ella va a llegar en cualquier momento. Él levanta el cañón de la pistola, apunta hacia la puerta y espera.


la otra parte de la historia:

http://srfinnegan.wordpress.com/2010/06/22/la-esposa-del-vidente-2/

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